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Estados Unidos
El Gobierno transforma la vacuna de Moderna en la estrella de su plan, pero arrastra internas y doble discurso

De golpe, la vacuna de Moderna se convirtió en la estrella del plan oficial contra el coronavirus. Es efecto directo del giro presidencial que levantó el cepo sobre Pfizer y que habilita también el camino a Johnson & Johnson. El cambio expresado en el DNU de Alberto Fernández fue llamativo, fruto tardío de una lógica básica de costo y beneficio frente a la sociedad. El kirchnerismo duro avaló el decreto pero destacó su desagrado frente a lo que desde su óptica representa una capitulación.

Ese discurso, que genera malestar en el círculo de Olivos, suena desfasado con el entusiasmo que difunde la Casa Rosada frente a los primeros envíos desde Estados Unidos. Y termina de exponer la insensatez del tiempo desperdiciado para modificar la ley que trababa contratos y donaciones.

La interna del oficialismo, precisamente, le dio mayor relevancia al trámite legislativo del DNU. Fue respaldado el jueves por el Senado, territorio de dominio directo de Cristina Fernández de Kirchner. Es sabido: alcanza de hecho con el voto de una sola Cámara para consagrar el aval del Congreso. Y ese paso se había convertido en un dato fuerte para completar el mensaje hacia los laboratorios y hacia Washington, luego de las críticas del kirchnerismo duro que volvieron a poner de relieve los problemas de centralidad en el poder. De todos modos, la ex presidente dejó que fuera expuesto el desagrado kirchnerista por el DNU. Señal también para el núcleo propio.

El decreto para modificar la ley de vacunas -y borrar como punto saliente el término “negligencia”- ya venía sometido a internas no resueltas. En rigor, ese explicaría en buena medida el paso del tiempo. El tema no asomaba hace ocho meses, cuando la ley fue sancionada, pero sin dudas sí fue tomando dimensión sobre todo a partir de marzo, con reclamos públicos de la oposición y algunas charlas reservadas en Diputados. La idea, frustrada, era explorar el camino de un proyecto que estableciera por ley los cambios para destrabar las negociaciones con Pfizer.

Es más. Dentro del Gobierno, hubo más de un texto de decreto en estudio, con aportes variados. Finalmente, la letra terminó de ser pulida en la Secretaría Legal y Técnica, a cargo de Vilma Ibarra. Desde abril, al menos, ya circulaba algún borrador. La cerrazón inicial del Gobierno había hecho perder el contrato con el laboratorio estadounidense desde una posición de privilegio, por los estudios y ensayos realizados en el país. En las últimas semanas, en cambio, trabajaron el tema en Washington la ministra Carla Vizzotti, la asesora Cecilia Nicolini y el embajador Jorge Argüello.

Alberto Fernandez Carla Vizzotti Santiago Cafiero llegada vacunas astrazeneca ezeiza
Alberto Fernández, junto a Carla Vizzotti, Cecilia Nicolini y Santiago Cafiero, en un acto de recepción de vacunas

¿Qué había precipitado el cambio? Sin dudas, no funcionó como se imaginaba el abastecimiento con las otras vacunas, se arrancó mucho después de lo esperado con la campaña, sigue la incertidumbre sobre la masificación de las segundas dosis -en particular, con la Sputnik V- y tampoco ayuda el contexto de la situación económica y social. En ese marco, el Gobierno intenta recrear expectativas y coloca a la vacuna como eje de la campaña, pero el kirchnerismo duro prefiere, antes, retratar el decreto como una concesión impuesta por las empresas farmacéuticas de Estados Unidos y por opositores aliados de tales intereses.

La movida del Gobierno es notoria; por momentos, elemental. Desde los medios oficiales se difunden en estos días las virtudes de la vacuna de Moderna. Se destaca su efectividad -estimada en el 94 por ciento-, la doble vacunación con la misma dosis, las ventajas en cuestiones operativas de conservación. Y se espera, en el corto plazo, la autorización de la FDA para ser aplicada en menores de 18 años.

Este último punto pasó a ser central cuando quedó a la vista la situación dramática de chicos y adolescentes con graves problemas de salud que no cuentan con posibilidades de ser vacunados en el país. Por ahora, Pfizer produce la única vacunan para menores con aval en Estados Unidos.

Mariano Recalde en el Consejo Metropolitano del Partido Justicialista
Mariano Recalde fue el encargado de exponer en el Senado el malestar del kirchnerismo duro con el DNU de las vacunas (Twitter: @marianorecalde)

El kirchnerismo duro hace o expone otra lectura. Máximo Kirchner fue la primera y más destacada voz en lamentar el DNU. Lo presentó como una imposición del un laboratorio extranjero. “Nos obligó a cambiar”, dijo, y afirmó que no le gusta ver al Gobierno y al propio Congreso como “un juguete de las circunstancias”. Para completar, ató todo casi como una advertencia sobre la negociación de la deuda. El Presidente se sintió obligado a responderle, en el acto del 9 de Julio.

Parecía que de ese modo habían quedado planteadas las posiciones y cerrado el capítulo. Faltaba el paso del aval al decreto por parte del Senado. Normalmente, un trámite, porque el Frente de Todos tiene mayoría propia. El discurso de Máximo Kirchner le había sumado un ingrediente imprevisto. Y un interrogante: ¿cuál sería el discurso de la bancada que responde sin vueltas a CFK?

La respuesta estuvo a cargo de Mariano Recalde en la sesión del jueves. Fue el encargado de anunciar que, por supuesto, el bloque oficialista ratificaría el decreto presidencial, pero aclaró que era con disgusto –”No nos agrada”, dijo- y atribuyó la modificación de la ley al juego de presiones de un laboratorio extranjero y dirigentes de la oposición. Después, votaron y la propia oposición movió el volante para acompañar, con reservas.

En estas horas, el Gobierno celebra la llegada de las vacunas de Moderna donadas por Estados Unidos. Lo dicho por el kircherismo duro quedaba así como ancla del doble discurso. El Presidente ya había doblado.

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